Cada año se producen abordajes en la mar que podrían haberse evitado con un simple gesto: saber quién debe ceder el paso y reconocer a tiempo las luces del buque que se aproxima. Para eso existe el RIPA, el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar. No es un capítulo más del temario náutico, sino el conjunto de normas que, de noche o con niebla, marca la diferencia entre una maniobra segura y una colisión. A continuación repasamos lo esencial: qué es, cómo funcionan las reglas de rumbo y qué dicen las luces de cada buque.
Qué es el RIPA y por qué es la base de la seguridad en la mar
El RIPA es el reglamento internacional, adoptado por la Organización Marítima Internacional (OMI), que establece cómo deben comportarse los buques para evitar colisiones. Se aplica a cualquier embarcación que navegue en alta mar o en aguas conectadas con ella, ya sea un mercante de gran porte o una pequeña embarcación de recreo, y no distingue entre navegación profesional y recreativa: las reglas son las mismas para todos.
El reglamento se organiza en varias partes. La Parte B recoge las reglas de rumbo y gobierno, es decir, quién maniobra y quién mantiene su rumbo en cada situación de cruce. La Parte C regula las luces y marcas que debe llevar cada tipo de buque según su actividad y su eslora. La Parte D se ocupa de las señales acústicas y luminosas para comunicarse o alertar de una maniobra. Entender esta estructura ayuda a situar cada norma concreta dentro del conjunto, en lugar de memorizarla de forma aislada.

Por eso el RIPA ocupa un lugar central en cualquier titulación náutica: no es teoría de examen, es lo que se aplica de forma automática cada vez que se sale a navegar, especialmente en zonas de tráfico denso como la entrada a un puerto o un canal estrecho.
Reglas de rumbo: quién cede el paso en cada situación
El RIPA establece una jerarquía clara para decidir qué buque debe apartarse y cuál debe mantener su rumbo y velocidad. Como norma general, un buque de propulsión mecánica cede el paso a un buque de vela, a uno dedicado a la pesca y a uno sin gobierno o con capacidad de maniobra restringida. Entre dos buques de motor, la situación concreta —vuelta encontrada, cruce o alcance— determina quién maniobra.
En una vuelta encontrada, cuando dos buques se aproximan de frente o casi de frente, ambos deben caer a estribor para pasarse por babor. En una situación de crossing, el buque que tiene al otro por su costado de estribor debe cederle el paso. Y en una situación de scope, el buque que adelanta por detrás es siempre el que debe mantenerse apartado de la derrota del alcanzado, sea cual sea el tipo de embarcación.
Estas reglas solo funcionan si la maniobra se ejecuta con claridad: el RIPA insiste en que cualquier cambio de rumbo debe ser franco, con la antelación suficiente para que el otro buque lo aprecie sin ambigüedad. Una corrección tímida o tardía genera más riesgo que no maniobrar en absoluto. Este bloque, junto con las luces de navegación, es uno de los que más peso tiene en la parte teórica de titulaciones como el PNB o el PER, y quien se prepara con nuestro curso PER en Barcelona lo trabaja con casos prácticos de cruce y alcance, no solo de memoria.
Luces de navegación: identificar al otro buque en la oscuridad
De noche, las luces son la única información disponible para saber qué tipo de buque tienes delante, hacia dónde navega y qué maniobra le corresponde. La luz de tope, blanca y situada en el palo, indica que el buque lleva propulsión mecánica y está en navegación. Las luces de costado —verde a estribor, roja a babor— permiten saber por qué lado se está viendo al otro buque, y la luz de alcance, blanca en la popa, se ve cuando un buque se aproxima por detrás.
La combinación de estas luces cambia según el tipo de embarcación. Un buque de vela, por ejemplo, solo lleva luces de costado y de alcance, sin luz de tope, lo que permite distinguirlo de un buque a motor incluso en la oscuridad. Los buques sin gobierno, con maniobra restringida o dedicados a la pesca llevan combinaciones específicas de luces de color para advertir de su situación especial, y esas luces solo deben exhibirse mientras el buque lleva arrancada.
Reconocer estas combinaciones no es un ejercicio teórico: en una noche cerrada, ver dos luces de costado alineadas o una sola luz de tope determina en segundos si hay riesgo de abordaje y quién debe maniobrar. Por eso el estudio de las luces va siempre unido al de las reglas de rumbo: una regla sin la luz que la activa no sirve de nada en la práctica, y viceversa.


